29 de enero de 2009

Los mejores son los improvisados


Tarde de Diciembre. Después de un día agitado de trabajo, nos pusimos a divagar un poco amparados por el glorioso Aire Acondicionado.

Frente a la compu, almanaque en mano, sabiendo que sólo contábamos con 15 escasos días, un auto en reparación, muchas ganas de viajar juntos, empezamos a "tirar" destinos; internet nuestra aliada.

Pasamos por: Sur de Brasil, Mesopotamia y Cataratas, ¿¡Puna Jujeña y Cataratas!?

Analizamos kilómetros, dinero disponible, lugares ya conocidos por uno y por otro, viajes anteriores... y salió de buenas a primeras la que sería la definitiva: Parte de Tucumán, Salta, Quebrada Jujeña, y para no perder oportunidad, cruce de Cordillera a remojar las patas en el pacífico, o sea, Iquique - previo paso por San Pedro de Atacama, en medio del desierto que lleva su nombre - y regreso a discreción y voluntad de los viajeros (y del bolsillo, por supuesto).

Conocida ya la ruta - en el mapa nomás - ya casi no quedaba nada: alojamiento, arreglar el auto, hacer las compras, completar el equipo. Es decir, ¡no teníamos NADA!, salvo ganas de viajar.

Decidimos: Carpa mientras se pueda, garrafita en lugar de cocina (ni hablar de restaurantes), fideos, arroz y enlatados, e itinerario abierto. Mails va, mails viene, nos aprovisionamos de información de hospedajes, imprimimos varios mapas (recomendable: www.ruta0.com).

Ya estábamos mejor. Nos quedaba: terminar de acondicionar el auto, cargar la garrafa, comprar colchones inflables, y armar los famosos "equipitos"; digase: equipito de mate, equipito de cocina, de estacas, de ollas, y así fue quedando.

Finalmente, el Jueves 15 de Enero a las 20.00 hs el VW Golf MPI mod. 97, naftero (de aquí en adelante el Golfito), cargado hasta las manazos, estaba listo para partir.

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